La cantante colombiana supuestamente los despidió porque se negaron a cocinarle un pollo al horno en horas de la madrugada.
Dos ex empleados de Shakira denunciaron en Bogotá haber recibido amenazas de muerte después de que la artista les despidiera en mayo pasado, supuestamente al no acceder a cocinarle un pollo al horno pasada la medianoche.
Maritza Isabel de Ávila y Divier Enrique Hernández ofrecieron una rueda de prensa con su abogado, el también colombiano Abelardo de la Espriella, donde por primera vez explicaron por qué demandaron a la artista y a su empresa el pasado 17 de junio ante un juzgado de Barcelona por “despido nulo y subsidiariamente improcedente”.
De Ávila dedicó 24 años a la limpieza, las compras y la cocina en el servicio de Shakira, mientras que Hernández trabajó durante 11 años como chofer y cocinero, y fue quien rehusó preparar el pollo, dando pie a una acalorada discusión con la artista.
“Sabes, así no me sirves para nada, lárgate de aquí. Las personas que trabajan para mí tienen que trabajar hasta que me dé la gana. Vete, ya no quiero verte, fuera de mi casa. Ya veré qué hago contigo”, dijo Shakira, según consta en la demanda.
Según De la Espriella, tras este episodio, los trabajadores salieron de la casa de la artista, durmieron en un banco y “llamaron a Antonio de la Rúa (ex novio de la cantante), quien les pagó un apartamento y les dio comida en Barcelona durante varios días”.
Los demandantes entregaron a los medios congregados la copia de un correo electrónico recibido por Hernández seis días después.
“Te metiste con la personita equivocada, yo la voy a defender, tienes un solo día para correr o terminar como te muestro. Ay, tú sabes, Divier”, y va acompañado de una foto en la que un hombre armado mira un cuerpo desmembrado en el suelo.
La demanda cita un informe médico en el que se establece que “tras las amenazas de muerte y el quebranto a la dignidad” los empleados tienen un “cuadro de ansiedad inespecífico y el síndrome depresivo reactivo”, aunque no establece vínculos entre la artista y el mensaje intimidatorio.
Por eso, reclaman entre unos 160.000 y 234.000 dólares, por daños morales.